En la lectura de la prensa nos hemos encontrado un excelente artículo; ¿Sabemos gestionar un 'banco bueno'? (Marino Sánchez-Cid en Expansión) que, especialmente, el apartado dedicado al título de la entrada: La Contabilidad discrecional y el coste del riesgo, argumentando la discrecionalidad de los resultados bancarios, nos parece muy interesante y reproducimos a continuación.
La construcción de la cuenta de resultados de la banca siempre ha tenido un alto grado de discrecionalidad por parte de los gestores, justificada por un ciclo temporal del riesgo muy superior al año, y alentada por la importancia de transmitir confianza en la institución y en el sistema, pero en España ahora hemos caído en la cuenta de que los bancos y cajas nunca tienen pérdidas casi por definición. Incluso las entidades intervenidas por el Banco de España o adquiridas por el Frob a una fracción de su valor contable han estado reportando beneficios hasta cinco minutos antes.
Los motivos por los que se ha llegado a este punto incluyen desajustes en la normativa contable y entre la función de supervisión y la de auditoría, pero hay otros relacionados con una gestión financiera deficiente, una de cuyas manifestaciones es no tratar contablemente el riesgo como un coste operativo de la función de intermediación financiera.
El margen financiero debido a posiciones abiertas en el balance respecto a la estructura temporal de la curva de tipos se lleva alegremente a resultados sin considerar que la mejor estimación del coste del fondeo de una posición a largo no son los costes de la posición a corto que la financia, sino el coste forward al plazo equivalente, algo que no todos los bancos tienen bien resuelto a nivel de contabilidad analítica.
Tampoco se considera al riesgo de crédito como un ajuste al margen financiero, sino como algo extraordinario que se pone al final de la cuenta de resultados tratando de compensarlo con otros resultados extraordinarios y, si no los hay, esperando a poder llevarlos contra reservas con motivo de alguna operación de fusión. Mientras tanto, se trata de mantener contablemente la ficción del valor en libro de los créditos sin tomar decisiones que pongan de manifiesto la depreciación del valor. En general, ese tipo de manejo discrecional de la cuenta de resultados es bastante común en todos los bancos, pero mientras algunos lo han podido utilizar dentro de ciertos límites y de forma responsable, en el conjunto del sistema se ha ido totalmente fuera de control.
El resultado es que, paradójicamente, el sector financiero es donde se toman decisiones con criterios menos financieros y más contables.



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