Considerando el beneficio como ingresos menos gastos, entendemos que, se ha de convertir en recursos generados por la empresa, lo que supone la conciliación entre la corriente real  (Ingresos y Gastos) y la corriente financiera (cobros y pagos) de la misma. 

No obstante, en la situación actual, ¿qué le preocupa más al empresario: cómo cobra a sus clientes y cómo paga a sus proveedores o si ha obtenido un mayor beneficio?. 
Es evidente que, a largo plazo, ambas magnitudes deben coincidir, es decir, todo gasto se ha de convertir en pago y todo ingreso se convertirá en cobro. 
Sin embargo, ¿qué puede suceder entretanto? ¿Y si se genera un beneficio pero éste no se refleja en términos  de flujos de efectivo? la respuesta es sencilla: las necesidades de recursos financieros se ven afectadas de forma directamente proporcional al incremento del período de maduración financiero de la empresa y, como consecuencia de ello, también tendrán una influencia en los fondos generados por la empresa.

Entonces,en esta situación, ¿qué se puede hacer? En la segunda parte de esta entrada detallaremos la Gestión y el Control que hemos reflejado en la imagen anterior.

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