Resulta habitual que las crisis financieras den lugar a cambios en la normativa contable, en esta línea nos encontramos, en la actualidad, con propuestas de los reguladores contables internacionales (IASB y FASB) en escenarios como: instrumentos financieros, presentación de estados financieros, valor razonable, riesgo de crédito, liquidez, titulizaciones y sobre todo la transparencia.
En relación con la
transparencia nos parece muy interesantes las reflexiones que realiza
Jorge Pérez-Ramírez cuando señala que ésta
es un atributo esencial para el buen funcionamiento de los mercados de capitales. Cuando la confianza en éstos se pierde, la respuesta es bien conocida: crisis. En pocas palabras, nuestro sistema económico depende cada día más de los mercados de capitales; no podemos permitirnos el lujo de que nuestra regulación no sea la adecuada, pero es poco realista pensar que, aun así, los riesgos desaparecerán.
Creer que llegará un día en que no habrá que preocuparse de los fundamentos que han sido utilizados para preparar los estados financieros, o que exclusivamente con las cifras del balance o de la cuenta de resultados, individuales o agregadas, pueden alcanzarse interpretaciones correctas respecto de lo que está pasando es, en opinión de Jorge Pérez, sencillamente ingenuo. Pero también es seguro que las soluciones propuestas, o las que finalmente se adopten, decepcionarán a algunos, y especialmente a quienes quieren resolver todos los problemas de hoy y también los del futuro.
La experiencia muestra que los cambios en contabilidad suelen venir acompañados de un aumento en la complejidad y estimación de datos, cuantitativos y cualitativos, que requieren instrucción y esfuerzo para actuar con competencia profesional respecto de la información recibida.
Con independencia de todo, no debe perderse de vista que la información financiera es una información basada en una evaluación subjetiva (la de los administradores) respecto de las condiciones en que en el futuro se desarrollará la economía y la propia entidad que suministra la información.
Además, continuará existiendo el problema de los incentivos; la integridad, competencia y las motivaciones de los administradores, así como la de los responsables de verificar lo adecuado de la información suministrada. Las contramedidas más importantes continuarán siendo las mismas: el buen trabajo de las instituciones públicas vigilantes y los tribunales.